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Educar para crear valor social
ocialmente responsable es lo que comúnmente pedimos en los laboratorios de ideación, donde promovemos que la creación de un nuevo emprendimiento venga acompañada de un componente vital hoy día: que no solo procure la creación de riqueza, sino también el desarrollo de valor social para personas, comunidades y, quién sabe, para nuestros países y otros territorios que puedan beneficiarse de soluciones más humanas y sostenibles.
Pero la mera intención del docente de estimular esa sensibilidad hacia afuera no es suficiente. Debemos encontrarnos con personas capaces de empatizar con el resto del mundo, y esto resulta especialmente retador en una era dominada por múltiples y constantes estímulos buscados deliberadamente para activar el sistema de recompensa.
«Las redes sociales, los videos cortos y los juegos digitales están construidos para activar este sistema dopaminérgico una y otra vez, con recompensas rápidas, impredecibles y constantes».
El desafío de la micro atención
He aquí el gran desafío: ser lo suficientemente capaces de capturar la micro atención del grupo, acudir a sus jergas, reconocer sus temas en tendencia y reprogramar nuestra neurolingüística académica, complementando los saberes instalados con nuevas formas de comunicar para lograr conectar.
En este punto, la labor de planificar una sesión mínimamente productiva inicia con largas horas de investigación para actualizarnos y entender conceptos que nuestra generación no recibió bajo la misma inducción digital. De ahí surgen los nuevos influencers académicos, quienes se han montado en olas de tendencias usando redes sociales para conectar, siendo disruptivos en las formas de mostrar contenidos educativos.
Con suerte, estos formatos generan retos o challenges donde, de repente, se pasa de lo formal hasta lo ridículo, todo en aras de enseñar algo útil y conectar con una audiencia acostumbrada al desplazamiento constante hacia arriba, al scrolleo y a la gratificación inmediata.
«Esta manera de recibir dopamina de forma constante por las redes sociales nos predispone a no hacer esas actividades que antes nos resultaban placenteras».
Estas nuevas metodologías, que incluyen pantallas como aliadas para transmitir contenidos didácticos, son útiles, pero no siempre inocuas. Juegan con nuestras propias intenciones de retener la atención: así como nos auxiliamos de ellas para capturar al grupo, luego las pantallas retienen a los estudiantes gracias a algoritmos cuya misión principal es apoderarse de la atención, ofreciendo contenidos identificados a partir de señales mínimas de interés, incluso de apenas segundos de observación o lectura.
Lo próximo que se ofrece no necesariamente es el mismo tema, sino el mismo formato. En esa lógica, la atención deja de ser un recurso disponible para el aprendizaje profundo y pasa a convertirse en un territorio disputado por múltiples estímulos.
«La sobreestimulación digital no solo dificulta el aprendizaje, sino que también puede debilitar los vínculos sociales».
La American Academy of Pediatrics ha advertido que la exposición a violencia en medios puede contribuir, entre otros efectos, a la desensibilización frente a la violencia, las pesadillas y el miedo a ser lastimado. Este planteamiento introduce otro desafío: conseguir que una persona sea capaz de empatizar después de haber estado sometida a cargas de estrés, sobreinformación y exposición continua a contenidos emocionalmente intensos.4 Cuando el emprendimiento responsable nace en el aula Por essas razões, um empreendimento Por estas razones, un emprendimiento socialmente responsable que surge en el aula es altamente valorado y apreciado. Representa, en sí mismo, una hazaña titánica por haber superado la distracción, la procrastinación y la competencia constante por la atención.
Cuando se logra materializar en prototipos, genera un estado de euforia que combina emoción, orgullo y autorrealizac ión; una sensación que solo un docente de emprendimiento conoce cuando ve a sus estudiantes transformar una inquietud en una propuesta concreta de valor.
Algunas técnicas que, con los años de experiencia, me han funcionado en casi todos los procesos consisten en iniciar identificando intereses comunes en materia de música, cinematografía y cultura. También resulta importante hacer mi tarea: buscar las últimas tendencias en hashtags que han dominado las principales redes consumidas por mi audiencia.
Aunque, al final del día, yo misma deba someterme a un necesario “detox” para descargar tanta información que también me genera un gran cúmulo de algoritmos competidores por mi tiempo. Con esto engancho, diseño estudios de caso y mantengo la discusión en mi terreno, usando sus propias herramientas.
La herramienta ETA como puente pedagógico
Uma vez capturada a atenção, passo a mergulhá-loUna vez capturada la atención, paso a sumergirlos en un proceso de autodescubrimiento de sus intereses reales a través de plantillas como esta herramienta híbrida pedagógica, creada para diagnosticar o desarrollar competencias emprendedoras y que he ido adaptando a las necesidades de mi aula.
Esta plantilla permite observar dimensiones individuales y del entorno que inciden en la acción emprendedora, facilitando que el estudiante reconozca sus fortalezas, áreas de mejora y posibilidades de aporte social.
La telaraña de intenciones me ha resultado especialmente útil para que los estudiantes identifiquen en qué pueden aportar valor como personas y cómo pueden convertirse en emprendedores sociales sensibles, capaces de entender las problemáticas del prójimo mientras descubren cómo generar un nuevo producto o servicio a través de una propuesta de valor diferenciada.
El propósito es conducirlos hacia resultados que no se limiten a lo lucrativo, sino que también sean socialmente responsables.
Conclusión
Formar emprendedores socialmente responsables en la era de la micro atención exige mucho más que transmitir contenidos. Implica comprender los lenguajes, estímulos, tensiones y formas de consumo cultural de las nuevas generaciones, sin renunciar al sentido profundo de educar: despertar conciencia, criterio, sensibilidad y capacidad de acción.
Cuando un estudiante logra pasar del consumo acelerado de estímulos a la creación de una solución con propósito, el aula se convierte en un laboratorio de humanidad, innovación y responsabilidad social. Ahí, precisamente, radica la mayor conquista docente: lograr que, en medio del ruido digital, una idea sensible encuentre forma, voz y posibilidad de impacto.
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